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domingo, 27 de junio de 2010

LA CIGUAPA EN LA HIST0RIA DE LA PLASTICA Y LA LITERATURA DOMINICANA


Gabriel Atiles Bido


¿QUE ES UNA CIGUAPA?
En mucho de nuestros trabajos de campo como investigador Arqueólogo espeleólogo, detrás de noticias de cuevas con arte rupestre, hemos pernoctado en lejanos parajes de la geografía de la República Dominicana y hemos conversado con los humildes moradores de esos paisajes en inolvidables noches de prometidos amaneceres llenos de cuevas fascinantes con arte grabados en piedras, en oscuras y húmedas galerías, llenas de misterios y distancias.
Entre los cuentos de noches sin luna y recuerdos lejanos contados por sus abuelos, casi siempre, de esos relatos, emerge la figura mítica de una mujer de larga caballera negra, tirada al descuido sobre los pechos desnudos, de gran belleza y agilidad, la cual solo se distingue de las otras mujeres porque tiene los pies al revés. Así hemos oído hablar a mi amigo Abrahán en Cabrera, a Teófito en Nalga de Maco, a Juan en Macasia, las décimas del Cibao en Jarabacoa y otros tantos que cambian los héroes y las historias, acomodándolas a los distintos paisajes de nuestra geografía.
 En la Cabirma la historia sucede en la zona del río, donde el compadre Demetrio casi atrapa una; en la Llanada fue un hijo de Ruifina la que vende quesos, que vivía con una Ciguapa cerca de una cueva que amanece barrida; en la cordillera fue Anselmo que es un hombre serio, y le ocurrió ver una, cuando venía de llevar a unos parientes enfermos.



LA PERMANENCIA DEL MITO
La historia es contada y recontada por investigadores escritores y artistas en diferentes momentos, lo cierto es que la Ciguapa es una leyenda de casi todo el país. Una leyenda hermosa con cultores de hermosa prosa y con investigadores con artículos y crónicas campesinas de bello colorido.

la Ciguapa se ha difundido gracias a la literatura, a la música y a una suerte de juglarismo que viaja con el viento entre nuestras lomas,  últimamente se encuentra internacionalizada gracia al Internet, pero la imagen vendida en la red, como terror, como figura de miedo y espanto dominicano, contrasta con la bella inocencia de su primigenia historia, la persistencia con que se une a los Taínos y la desazón que nos provocaba en la infancia, saber que encontrarse con una Ciguapa podía significar ser amado de una manera incomparable pero también ser enajenado de lo conocido para entrar por siempre en el mundo oscuro y nocturno de la Ciguapa.

La presencia moderna de la Ciguapa en la cultura dominicana, es palpable en múltiples momentos, En la plástica, la primera noticia la aporta el Inolvidable poeta Franklin Mieses Burgos, al referirle al Escritor Mora Serrano de la existencia de una pintura que realizara en París el artista Jaime Colson y que titulara “Ciguapal”. Más recientemente en la plástica Ureña Rib con la tela “Aquella Huída de la Ciguapa” referencia de mi amigo Danilo de los Santos, sobre una pintura de 1976 alojada en el Museo de Arte Moderno.


El artista Ramón Oviedo, en  fecha de 1985, inaugura la exposición “Mito de la Ciguapa”. El artista Said Musa con su obra “Entre la Ciguapa y el centauro” , en el bulevar de la 27 y el escultor Jhonny Bonelly, también describes su musa de alambre con raices Tainas.
En la música encontramos el tema de José Duluc la Ciguapa, popularizado por Chichí Peralta donde la pieza difunde el nombre de la entidad y pone de relieve sus cualidades amatorias aunque no explota la riqueza folclórica del mito, el tema fue un fenómeno musical.
El premio: “La Ciguapa de oro” , fundado como galardón para lo mejor del cine dominicano o no; o la editorial,  La Ciguapa, son evidencias de la presencia contemporánea del mito.
Otro dato que sirve para evidenciar la fuerte presencia del mito en la sociedad es la denominación de un paraje en la ciudad de Santo Domingo con el nombre de la Ciguapa.  

EL ORIGEN DOCUMENTADO DEL MITO
Cuando 7 de septiembre de 1973 el escritor y crítico Manuel Mora Serrano dictara una conferencia o charla en la Universidad Madre y Maestra de Santiago sobre el tema de la Ciguapa y sus subsiguientes investigaciones y entrevistas de campo, así como otras charlas en 1974 y la publicación de un importante articulo en la revista EME-EME titulado “Indias Vien Vienes y Ciguapas: Noticias sobre tres tradiciones dominicanas” y la premiación y publicación de su novela “Goeiza” Premio Siboney 1979, el escritor estaba iniciando una nueva etapa en el interés de esta leyenda dominica, tal como lo hiciera Angel Guridi en 1880. En los trabajos arriba mencionados el autor realiza importantes reflexiones amparado en una escasa y dispersa bibliografía, la cual, es una lectura obligada para adentrarse en el mundo de la hermosa leyenda dominicana.
Nuestro interés, fundamentalmente nace de la relación del mito de la hermosa mujer de pies volteados y los indios Tainos, la ausencia de datos concluyentes que afirman o desmientan la relación entre uno y otro.
Al revisar el material bibliográfico y prestar atención, hemos encontrado una enorme cantidad de variantes en la forma de contar y describir el mito. Tal cantidad de variantes que nos motivo a ordenar algunos de ellos por su novedad, así como enumerar algunas noticias en torno al fabuloso personaje, datos posteriores y algunos anteriores no mencionadas por Mora Serrano.
La Ciguapa en su descripción moderna va sufriendo transformaciones físicas y alteraciones interesantes en los hábitos y costumbres que se le atribuyen a estos  personajes, según sus nuevos relatores, cambios no solo en el estilo de los escritores jóvenes que utilizan el singular personaje para sus tramas literarias, sino en los nuevos relatos recogido en las investigaciones en los campos dominicanos.

La mas socorrida de las descripciones es la siguiente: “Se tiene la creencia de que por las noches, sale de los montes una hermosa mujer, de largos cabellos, con los pies hacia atrás, que recibe el nombre de "la Ciguapa", la cual es completamente inofensiva, sumamente tímida, llegando incluso a asustarse de la gente”.
Sobre esta base se han ido matizando historias hasta llegar a descripciones que llegan a catalogar a la Ciguapa de verdadero espanto. No es este el espacio para la infinidad de versiones y autores que aportan por publicaciones virtuales su definición al mito, pero nos resulta particularmente enriquecedor revisar las más novedosas.
Algunos, creen que se trata de un ser sobrenatural y algunos que solo se trata de una india con los pies al revés, incapaz de hablar, pues solo emite un sonido gutural y dada al rapto de los hombres que le gustan.
Las alojan en cavernas montañosas, pero a veces se puede localizar en los charcos de los ríos en las noches de luna nueva.
El hombre que responde al canto de la Ciguapa esta perdido para siempre, afirman algunos.
Según los campesinos y aun en la población metropolitana, la Ciguapa solo puede ser capturada con un perro blanco y negro, con pata cinqueño, o sea con cinco dedos, y solo en noches de luna llena.
Para otros, las Ciguapas son raras mujeres salvajes, que habitan en las montanas y poseen poderes mágicos. Son de tez morena, de ojos negros y rasgados, de pelo suave y lustroso, tan largo que es la única vestimenta de su cuerpo. Son diminutas y de cuerpo desproporcionado.
Otros las describen como mujeres que tienen las piernas largas y delgadas; algunos afirman que son velludas y unos pocos que están bellamente emplumadas.
Las Ciguapas tienen para otros un corazón cazador ya que salen por las noches de las serranías en busca de presas.
Algunos afirman que las Ciguapas tienen malas costumbres; pues garantizan que estas, salen de sus moradas a robar manteca y carne cruda o en busca de algún caminante nocturno al que embrujan, aman y luego matan.
Alguna vez se escuchó la leyenda de un ser de los bosques llamado ciguapo. Era este, un gallo vuelto de espaldas, con el lomo emplumado y el pecho con senos de mujer. Cuentan que su grito se asemeja al llanto de un niño y que esperan terribles infortunios a la persona que se atreve a matar a una de estas aves.
Si usted ve a una Ciguapa, nunca la mire a los ojos para que no le embruje con su poder afirman algunas versiones.
Algunos creen que como cuando llegaron los europeos, las adolescentes vírgenes que andaban desnudas por los campos, tal sobredosis de sensualidad, para quien no estaba acostumbrado, provoco tal desorden y superoblación, que a algún sabio jefe de un clan de la Cordillera Central se le ocurrió ordenar a las jovencitas nunca dar la espalda a un extranjero.
Otros suponen que la Ciguapa es producto de un vistazo miope a un oso perezoso, especie actualmente extinta en la Española, que como se sabe, estos osos tenían al final de las patas largas uñas que apuntaban hacia atrás.
En cuanto a su aspecto hay quienes dicen, que es azul y pequeñita (como de 1.20 metros), otros dicen que es sucia y salvaje, con un cabello que jamás fue cortado ni peinado, pero de una belleza tal que actúa como "canto de sirena" sobre los caminantes del sexo opuesto, arma de la que se vale para lograr atrapar a sus enemigos que desaparecen después de ser seducidos.

ALGUNAS REFLEXIONES
Evidentemente que la leyenda con el tiempo se transformara aún más, probablemente algún día las Ciguapas no sean azules, sino verdes y se descubran indicios que las sitúen como procedentes de otras galaxias.
Por nuestra parte y al margen de estas elucubraciones, estamos concientes que la génesis de la Ciguapa es un tanto confusa. Las primeras referencias que hemos tenido del origen de la Ciguapa son procedentes de la literatura aportadas en 1866 por el escritor dominicano Javier Angulo Guridi (1816-1884), quien introduce la corriente indigenista en la literatura dominicana con su drama “Iguaniona” (escrito en 1867) y su romance “Escenas Aborígenes” y los temas de la leyenda local con novelas como “La Ciguapa”, escrita en (1866).
Cabe destacar que en la obra de Guridi no se menciona en ninguna parte los pies al revés de la Ciguapa o el ciguapo y la descripción que ofrece es la siguiente “ Se dice que desde antes del descubrimiento de esta isla existe una raza cuya residencia ha sido siempre el corazón de estas montañas; Pero que se conserva en toda su pureza, durmiendo en la corona de los cedros y alimentándose de los peces de los ríos de pájaros y frutas, la Ciguapa que es el nombre conque se le conoce, solo levanta una vara de talla: sin que por lo tanto se crea que en sus proporciones hay la deformidad de los llamados enanos en Europa y aun en otros puntos de América”… “ …tiene la piel dorada del verdadero indio, los ojos negros y rasgados, el pelo suave lustroso y abundante, rodando el de las hembras por sus bellísimas espaldas hasta las mismas pantorrillas”
Creo que en esta descripción se encuentra la clave para la comprensión de las variantes del mito, pero sería interesante revisar algunos de los más fascinantes relatos acerca de la Ciguapa en la literatura dominicana.
La iglesia dominicana no ha estado exenta al mito y en la obra del Licenciado Carlos Nouel “Historia eclesiástica de Santo Domingo” que comenzara a publicar el boletin Ecco a fines de 1884 y publicada definidamente en Roma en 1911. En esta se narra la historia de unos salvajes que asocia con los vien vien pero que en su descripción guardan una enorme relación con los hábitos y costumbres atribuidos a la Ciguapa, también narra que en 1868 capturaron y trasladaron uno de estos seres salvajes a los cuidados del Padre Billini de quien dice catequizó y administró el S. sacramento, dice además, que esta mujer a quien bautizaron con el nombre de Isabel Maria de Jesús, Jamás aprendió a hablar el castellano.
En la obra “indios” de nuestro mas grande escritor de cuentos el profesor Juan Bosch publicada en la Nación en 1935 el profesor analiza la figura de la Ciguapa como una diminuta mujer india, cuyos cabellos la visten, y solo camina de noche. Las compara con el ser mitológico de la Opías. Las opías que eran los muertos entre los Tainos, seres que caminan de noche y que se les aparecían a los vivos en los caminos y yacían con ellos, solían aparecer en forma de mujer u hombre y dice que se alimentaban de cierta fruta.
Interesante es, leerse en la misma obra del profesor Juan Bosch una leyenda recogida y que titula: “la Ciguapa.”
Obra de Félix Berroa

Volviendo a Morra Serrano, en la revista Eme- Eme localizamos el siguiente artículo de Rafael Damirón quien Narra en una Estampa que data de 1938: “la Canción del Ciguapo”, Mora Serrano dice que la historia se desarrolla en las serranías del Bahoruco y que son lamentos que atribuyen a los últimos representantes de la raza Quisqueyana. En un especie de sincretismo, los campesinos de la zona, en Viernes Santo,  van de romería hacia la montañas para oír votivamente sus querellas a la que ellos llaman La canción del ciguapo.

Chaín


Ángel Antonio Estrada Torres publico en 1946 en el Boletín No. 1 de Folclore Dominicano un articulo titulado “Las Ciguapas” . Estrada Torres sitúa a las Ciguapas como moradoras de profundas cuevas en medio de las montañas, dice: “están dotadas de una lacia y abundante cabellera que les llega a los tobillos. Entre otras descripciones y pormenores Estrada dice que su afición a la caza de amantes, la que se debe, asegura, a que entre ellas no hay machos.”

Miguel Ángel Monclús narra en la novela Cachón, 1954, de la existencia de la Ciguapa a quienes también le atribuye un origen aborigen y las describe con los característicos pies al revés.

En el libro "Alpinismo en la Isla de Santo Domingo" de Manuel de Jesus Tavares, existe un interesante relato de un campesino conocido por un amigo del autor, donde narra una aproximación con unos de estos seres, hasta casi llegar a la convivencia. Este relato también es reseñado por Ing. Elpidio Ortega, en el libro “Expresiones Culturales de Sur”.

Aunque no pretende este trabajo compilar todos los estudios y publicaciones que al respecto del tema hemos localizado y que se suman a los ya reunidos por Mora Serrano en la década de los setenta, queremos dejar como un aporte a la bibliografía del tema los siguientes autores:

La Colorada” novela inédita de Francisco Nolasco Cordero, 1964
"La muerte de la Ciguapa" , Cayo Claudio Espinal, narración del 7 de julio de 1973 La Informació. Santiago.
“Las Ciguapas están de moda” Francisco Batista García, Listín Diario. Santo Domingo Suplemento sabatino 21 de julio de 1973
“La Ciguapa” Julio Cesar Castaño Guzmán Listín Diario Jueves 21 de diciembre de 1989.
“La leyenda de la Ciguapa” Doris Guerrero. 24 Touring. Abril 6 de 1995.
“Julia Álvarez: Las Ciguapas, próximo libro de cuentos para niños” ; entrevista a Julia Álvarez , Listín Diario .15 de enero de 1995
Entre el Amor de Vanahi y la dulzura de la Ciguapa”. 15 de diciembre de 1996 Dagoberto Tejada. Ultima Hora.
“Guijes y Ciguapas”. Andres L. Mateo 26 de abril de 1998. Listín diario.
“La Ciguapa”, de Erich Pichardo” .Dagoberto Tejada Ortiz .Ultima Hora. 26 de Julio de 1998
“La Si-Guapa” Leyendas Dominicanas, por Nini Nelly. Marzo 11 de 1999
“Leyendas de Ciguapas y Ciguapos en Alto de Rayo”. Guaroa Ubiña. Periódico Hoy. Jueves 13 de abril del 2000
“Sobre los orígenes y similitudes de la Ciguapa”. Guaroa Ubiña. Isla Abierta. Domingo, 18 de marzo del 2001.

Sabemos de la existencia de un trabajo del Licenciado Bernardo Vega Boyrie, acerca de la ciguapa en el boletín número 37 del Museo del hombre Dominicano, aunque puesto a circular no ha salido de prensa por lo tanto desconocemos el enfoque y las noticias que nos ofrece Bernardo Vega al respecto de tema.

El Dr. Marcio Veloz Maggiolo, ha escrito algunos artículos sobre esta mujer de la noche, rememorando leyendas parecidas y relatadas en otros países por autores como Kipling, el importante señalamiento, del Dr. Veloz le da una dimensión universal.

El Dr. Guaroa  Ubiñas publica en el 2001 un folleto en leyendas dominicanas, dedicado a la Ciguapa, donde analiza el posible origen del mito, analiza la palabra “Ciguapa” en diferentes lenguas indígenas, encontrando que algunas aves son denominadas como Ciguapa, lo que nos recuerda el hermoso poema del poeta cubano Samuel Feijoo "La Asamblea Mundial de Pájaros": “La Ciguapa en su nido, se dijo: -La labor es grande. Si se quiere la paz entre las aves, hay que cambiar sus estilos de vida. Todas quieren la paz, porque en general no hay ave que no esté amenazada por otra. Hay que lograrla….  Y callaría porque vio la sombra del gavilán cruzar sobre el ateje donde estaba su nido.”

Siguiendo en Cuba, en Holguín no es rara la historia de la ciguapa: La literatura oral ha enriquecido y preservado la autenticidad en el habla culta y popular del holguinero, en su refranero, en los agüeros y conjuros, leyendas y tradiciones. Aún se habla de enterramientos de joyas y monedas, de la misteriosa ciguapa de brujas, juigues y duendes entre otros muchos mitos y leyendas que se enriquecen constantemente.
 
Pero explorar el mito en otros países sería ampliar y complicar el ya complejo mito dominicano, por lo tanto volvamos a nuestra República Dominicana, donde el Dr. Guaroa Ubiña, Médico de profesión se ha dedicado a investigar y rastrear en toda la geografía nacional las huellas invertidas de estas prodigiosas mujeres.

Lugares y Árboles designado como Ciguapa en otros países, narra en su obra además algunas historias Suramericanas coincidentes con el mito Dominicano,  menciona la relación de la Ciguapa con los negros alzados del Maniel viejo, en la localidad de Polo, Barahona, donde recogen historias que describen a la Ciguapas como antiguos esclavos que se rebelaron contra el maltrato de los amos.

Nuestros puntos de coincidencia con el Dr. Ubiñas son cuando este, analiza la Ciguapa desde el punto de vista historico: según Ubiña "Todas las versiones que se escuchan de ellas, están ligadas al comportamiento de exterminio de los españoles contra la raza indígena" dice. “La posición de los pies significa, para el autor una estrategia para despistar a sus perseguidores,”. Interesante nos resulta el hecho de que todos los relatos recogidos en el campo indican que para atrapar a una Ciguapa se necesitan perros cinqueños, lo cual, también para Ubiñas "rememora el usos por parte de los crueles invasores españoles, de los perros desbarrigares y el terror que sembraron en la indiada".

Autores como Carlos Esteban Deive dejan ver sin mucha profundidad en el tema, la posible relación de la Ciguapa con la desaparecida Cultura Taína. En el artículo de 1979, en el boletín número doce "Notas Sobre la Cultura Dominicana", Carlos Esteban Deive, dice lo siguiente:  "El mundo espiritual del taino apenas dejo huella, (juicio que no compartimos con el autor )  muestras de ese mundo se hallan fuertemente sincretizadas con las creencias y ritos cristiano-africanos. Podemos citar, al respecto, la sacralizacion de ciertos caciques tainos, elevados a la categori­a de luases o divinidades del panteon vuduista; las supersticiones relativas a las hachas indigenas, popularmente conocidas como ‘piedras de rayo’, y el mito de la Ciguapa, entidad femenina que camina con los pies al reves."  

UNA CRÓNICA IMPORTANTE
Un análisis interesantísimo y poco conocido lo aporta el Dr. Alejandro Llenas a finales de la década de 1890 y con el cual queremos terminar el presente articulo:
"Una tradición que existe todavía en el país, se refiere a la presencia en los bosques del Nordeste, de un ser fantástico que anda desnudo, de cabellera larga llamado Ciguapa: este es sin duda el último recuerdo de los ciguayos,* errantes sobre aquellas alturas".
* Son llamados Ciguayos los indios entre caribe y taínos, a los cuales se les atribuyen lenguaje  y costumbres diferentes así como una alta ferocidad.

En otras partes de su articulo el Dr. Llenas refuerza sus tesis con apuntes de Fray Bartolomé de las Casas: "Eran ciguayos quienes tenían la costumbre de llevar así los cabellos muy largos". Alejandro Llenas dice: “Esta zona es el territorio Ciguay, la ferocidad de estos hombres su disposición para vivir en las cuevas del promontorio, les permitió ser unos de los últimos grupos en desparecer de la isla”

Alimenta la imaginacion la figura de aquellos cuerpos desnudos de larga cabellera a quien mas de un cronista definiera tan largas como las de las mujeres de Castilla.

Los Ciguayos y las Ciguayas moradores del Ciguay, sitios de promontorios de incontables cavernas, pueblo de origen caribe que ofreció mucha resistencia a los conquistadores españoles, probablemente la imagen de estos hombres y mujeres deambulando en las serranías escapando y defendiéndose de sus perseguidores españoles y de sus fieros perros desbarrigadotes sea lo más cercano al origen del mito de la Ciguapa en lo que se refiere a la isla de Santo Domingo.

CONCLUSIONES
Las tradiciones y los mitos viajan de un lugar a otro en el largo vagar del horizonte que lleva a cuesta el ser humano. Mitos, leyendas y tradiciones son recreados o adaptados al paisaje y a las realidades de los pueblos que los acogen. La ciguapa una de las más bellas historias de la Republica Dominicana, presente en toda la geografía nacional con prodigiosos cultores en las bellas artes, indudablemente quedará estrechamente ligada a nuestros primeros pobladores aborígenes como un canto a sus desesperanzas y desdichas de aquellos días de la conquista y como una invocación permanente a nuestras raíces y ancestros.

domingo, 21 de septiembre de 2008

EL AMOR DE LA CIGUAPA


Curtido en luchas intestinas, veterano guerrillero, Prudencio Meregildo se ha independizado con sus secuaces tomando posiciones en torno al fogón, donde manos expertas se mueven incansables manejando los cuchillos y los criollos aderezos. Sobre enorme brasero se cuece el fruto de la rapiña; un cuarto de res y un centenar de hermosos plátanos de la hoya del Camú. Mientras emanaciones apetitosas invaden el ambiente, con la promesa de una tardía pero abundante cena después de la cual, habrán de conceder a sus cuerpos algunas horas de merecido descanso. Recostados unos sobre las raíces de los árboles, tirados otros en el suelo y formando los restantes ruidosos grupos que se entregan con igual facilidad a la discusión que a la charla estrepitosa. 

Ha cesado como por encanto la algarabía, al levantarse esa voz pausada con la apasionante seducción de lo enigmático, de lo sobrenatural. Es a la hora del reposo, tras fatigosas jornadas de excitación y de peligro, en que las sombras y el silencio circundantes predisponen al retraimiento, a la superstición. 

Y mientras llega la hora de saciar el hambre: 

-Cuando en las grandes siembras de café empezaron a tumbar los montes, antes de talar, marcaban el terreno con unas trochas larga y por esos mismos callejones bajaban de noche las ciguapas a robarse la sal y la manteca. Pero aunque las sentían escarbando en las cocinas, nadie se levantaba, se contentaban con dejarlas hacer y deshacer y ni siquiera ladraban los perros, porque ellas los bajéan primero. Noches había, que no les permitían pegar los ojos y se las pasaban desvelaos en sus barbacoas, contando las horas hasta que a ellas les daba la gana de volverse al monte, y namá se les oía el canto: jup, jup, jup. Loma adentro, sembraban frijoles en los claros y así que cerraba la noche, venían de ni se sepa dónde y desenterraban los granos. Cosas que yo no sabía oí contar en esa reunión: no hay machos sino hembras, y cuando se enamoran, porque dicho sea de paso se encaprichan igualito que las mujers, no le pierden ni pie ni pisá a su hombre hasta que éste, despavorío, tiene que consentir. Echarles mano ya es cosa más difícil. Que se sepa, el único sistema conocío, asigún aseveró el mentao Tolentino Fermín, es chubarles un perro negro cinqueño y más adelante las encuentra usté añingotás soplándoles: ¡sió perro! ¡sió perro! muertas de miedo. Pero hay que seguirles la huella, no como al cristiano nacío de mujer bautizá, sino por la dirección de los calcañales, porque tienen los pies al revés y cuando corren, les suenan como chancletas. 

-¡Jum! -hizo uno, abriendo desmesuradamente los ojos- ¡Carijo! ¿Esas no serán cosas de Satanás? 

-¡Bah!-repuso en su misma cara el que le quedaba al lado-. Ese cuento es más viejo que el andar a pie. Siempre son referencias de otros; que Celesto la oyó, que Presbisterio la sintió, que a mi comadre Olaya le dio un susto... pero todavía no encuentro la persona que me diga claramente: ¡yo la vide con estos ojos; tenía una mata de cabello que le arrastraba por el suelo y corría con los pies al revés! ¿Digo o no digo la verdá, amigo Severo? De los presentes, el que tenga un testimonio de esta clase, que lo haga valer aquí y nos dejará convencidos pa réquiem.

 

-Eso de que las hayan visto es bacalao de otro barril. Lo que opina Benito es la pura realidá: que me aseguraron, que yo oí cantar, que me dijo mi compadre Anacleto ¡pero nadie la vio con sus propios ojos, ni le puso la mano encima! Y mientras tanto quedamos en la misma, creyendo en una cosa, poique yo no niego que también creo, de la que nadie puede decir ¡este pelo es de ella, yo mismo se lo arranqué! 

-Fue en La Vega -terció otro- donde sucedió lo que les voy a contar. Pero la verdá sea dicha, tampoco voy a jurar que las he visto. Cierto día, un hombre salió a cazar camino de Jarabacoa, donde andaba el puerco cimarrón jugando al garrote por entre esos pinares. Después de medio día caminando monte adentro, el perro que lo acompañaba rompió a ladrarle a un tocón lleno de flecos. Receloso, poique no cataba pájaro ni animal, se acercó y vio que no eran tales flecos ni bejucos como había creído primero sino cabellos. Y de lejos, comenzó a lavantarlos con el cañón de la escopeta ¡Y aquí fue donde retorció la puerca el rabo! ¡Oigan eso! Se encontró con un par de ojos como de gente que lo miraba. Los de una ciguapa, mansita como una gallina y se la llevó al pueblo. Pero taba de parto y los pechos le diban estilando la leche. Cuando el hombre del cuento se aburrió de ganar dinero con la pájara ésa, llegó hasta a pasearla por las calles, pero el cura, lo obligó a devolverla al mesmo sitio del mote que la había capturao, poique se manijaba llorando su cría, la pobre. Esa no llegaría a una vara de alto, asigún me contó el viejo Tomás, que es hombre serio y no dice una cosa por otra. Él era todavía un muchacho en esa época y pudo verla con sus propios ojos. 

-Historias, historias... ¿A qué se debe entonces, que en mi camino se se hayan cruzao junca, con tanta montaña solitaria como he rejendío yo a toas horas del día y de la noche? 

-Es que a to el mundo no se le aparecen, amigo Carpin, hay que tener la sangre dulce pa ellas, lo mismo que pa las pulgas. 

Prudencio Meregildo, que se disponía a encender un grueso cigarro, tiró el fósforo lejos de sí y lanzó una risotada. 

-¡Anjá! -dijo burlón-, ¿Cómo el que siembra cocos sentao en el suelo, para que la mata se dé bajita? 

Pero no faltó quien, interrumpiendo la carcajada general, formulara muy en serio la siguiente observación: 

-Que no se figure nadie, que esas son cosas de ahora. Mi abuelo juraba haber visto las ciguapas, y los indios también, que éstos últimos viven en cuevas, abajo el agua. Y cuando el río suena, por algo será. Si quieren, y no me estorban con sus jaranas, yo puedo contar algo por el estilo. 

-¡Cuéntalo! ¡Cuéntalo.

 

ESCRITO Por ALFREDO FERNÁNDEZ SIMÓ

Publicado en Coloquio, sábado 28 de octubre de 1989

¿Quién era Parlero?

De ciguapas cotidianas

Por Parlero

En estos tiempos que corren aerodinámicamente, y en que imperan la radio, el aeroplano, los helados en palito, la sulfanilamida y los tingo-talangos, sin contar con las maravillas aún no soñadas que habrá de traernos, en su apiñada maleta, la señora Post-Guerra, cuando hayamos ganado la Victoria, son muy pocos los pueblistas de volátil guayabera y de sandunguero caminar, que han oído, directamente de verídicos labios campesinos, las apasionantes historias de las ciguapas. Y tal vez, y hasta sin tal vez, puede que haya muchos que ni siquiera sepan, ni remotamente, lo que es una ciguapa.

Yo, la verdad, no tengo el honor de conocer personalmente a las ciguapas, pero, según las historias que corren, las ciguapas son a las montañas, lo que las ninfas a los ríos y las sirenas a los mares. Desde luego, que las ciguapas son mucho menos poéticas, según nos las describen las viejas leyendas. Una ciguapa es un ser que media entre el animal irracional y el hombre, pudiéndose asegurar que no es ni la una ni la otra cosa, propiamente dicho. Para dar una mejor definición de lo que es una ciguapa, según las noticias que tengo, diré que es una gente que parece animal y un animal que parece gente (en esto, muchas gentes que visten y calzan y que pululan por nuestras calles, no se diferencian mucho de la ciguapa, ¿verdad?). Tienen ellas, y esta es una de sus principales características, los pies volteados hacia atrás, con el calcañal delante; el cuerpo lo tienen cubierto de vellos gruesos y sus cabellos tan largos y abundantes que, como un manto, la protegen de las inclemencias de la intemperie. No hablan, pero sus emociones las expresan por medio de unos "jupidos" que les son característicos y que aún hoy, pueden oírse en el interior de nuestras montañas.

El entusiasmo que ha despertado en esta ciudad el concurso de alpinismo que patrocina la acrecitada casa comercial de los señores Manuel de Jesús Tavares Sucesores y el premio que ofrece para el primer grupo de excursionistas que en el año del centenario de la República logre subir primero al Pico Trujillo, ha puesto en nuestros corrillos las cuestiones de las montañas como cosa de palpitante actualidad, no siendo pocos las "brujas" que en sueños ven barajarse, mágicamente, los escarpados picos de las montañas con la montaña de papeles que supone el jugoso premio ofrecido. Así, pues, es de actualidad también como cosa de la montaña, la siguiente historia que un Don amigo mío, cuya testa hace pensar en la desolada cumbre de La Rucilla, relató en un corrillo una de estas noches últimas, y la cual historia, advirtió, no era un cuento hijo de la imaginación, sino algo real que había acontecido.

A PRINCIPIOS DE ESTE SIGLO, comenzó diciendo el Don mi amigo -conocí en San José de las Matas a Siñó Simón Peralta, quien entonces cifraba en los ochentas años largos. Era Siñó Simón un viejo pequeñito, rechonchito, muy velludo, juguetón (casi un primo octavo de las ciguapas). Él había nacido y se había criado en la Cañada del Caimito, paraje próximo a Las matas, y que debe haber sido un edén cuando Siñó Simón era un niño; se trata de un vallecito fértil, surcado por arroyuelos de aguas cantarinas y claras, circuido de altas colinas por un lado y pinares y pomares orejanos en todas direcciones. El hecho ocurrió cuando Siñó Simón era un niñito en faldetas (entonces, decía él, le llamaban Simoncito, y a la verdad que le quedaba bastante mono el diminutivo)... El "fundo" de los Peralta estaba en un altico, al otro lado de la cañada; en el fondo del patio había un cultivo de café, en el extremo del conuco de la familia. Este lugar era sitio predilecto de las ciguapas, pues abundaban en él las matas de ciruelas que era su fruta favorita y el cafetal de los Peralta el punto preferido para su entretención. De los propios labios de Siñó Simón oí lo siguiente: “Una ciguapita muy retozona y más atrevida que las otras que acostumbraban frecuentar el conuco, nos llegó a ser familiar, pues muy a menudo la veìamos de día en lo alto del cafetal; desde allí nos “jupiaba” a los muchachos, y nosotros habíamos aprendido a “jupiar” como ella. Así se cultivó nuestra confianza y nos hicimos amigos, al extremo de que un día logramos llevarla a casa. Taita estaba en una montería, y Mamita se asustó tanto al ver a la ciguapita en el patio con nosotros, que quiso echarla, pero al mirar la cara triste que tanto ella como nosotros pusimos, volvióse a la cocina y nos dejó jugando con ella. Esa ciguapita era lo más alegre y retozona que yo había visto; daba saltos, se retorcía, ensayaba quejidos de gozo y abrazándonos a los varoncitos, se revolcaba por el suelo con nosotros, como cosa que le era de mucho gusto. Cuando Taita volvió de la montería nos riñó por haber tenido a la ciguapita en casa, pero a ruegos de todos desistió de echarla, y, al fin, a él también le cayó en gracia y la dejó que permaneciera en casa. Desde entonces la ciguapita se quedó con nosotros. Todos los días iba al monte por un rato, pero siempre volvía y de noche se iba a dormir al cafetal.

En esa época era cura de San José de las Matas, -siguió diciendo Siñó Simón-, el Padre Espinosa, y Taita y él eran muy amigos y compadres. El Padre supo lo de la ciguapita, y le escribió una cartita a Taita en la que más o menos le decía: “Compadre: he sabido que Ud. tiene una “cosa” en su casa que puede traerle un gran trastorno en la familia. Yo le aconsejo que salga de eso inmediatamente. Si es gente, cosa que puede ser, Ud. debe traerla a bautizar. Venga a verme tan pronto como Ud. pueda”. Al día siguiente Taita fue al pueblo, vio al Padre y parece que hablaron mjy seriamente, pues Taita regresó al anochecer con la cara triste. El Padre le había hecho jurar que sacaría la “cosa” de la casa. Hasta Mamita lloró al saber lo que había jurado Taita, pues ya le teníamos mucho cariño a la ciguapita.

“Me acuerdo como si fuera hoy y todavía me entristece. Taita cortó una vara de romerillo, cogió a la ciguapita por un grazo, se la llevó al sitio más alto de la colina próxima, y a foetazos la echó por la desguindada del otro lado. Nadie habló esa noche en mi casa: ¡tan tristes estábamos todos!

Por varios días no volvimos a ver a la ciguapita, pero a pocas semanas volvió al cafetal y comenzó a jupiarnos. Así siguió haciéndolo todos los días, acercándose cada vez más a la casa. Taita no sabía qué hacer. Un día fue al pueblo, trajo una escopeta, y cuando la ciguapita se acercó a la casa, la cogió por los cabellos, se la llevó al sitio más alto y allí le largó un tiro para espantarla. Desde entonces no volvimos a ver a esa ciguapita que tanto nos había encariñado; pero las otras compañeras, que eran hurañas como son todas ellas, siguieron por mucho tiempo volviendo a nuestro conuco. El tiempo y la ciencia que ya se iba adentrando en nuestro sitio, hicieron más tarde que ya no volviéramos a ver más ciguapas”.

“Así terminó su extraño relato el viejo Siñó Simón –nos dijo Don amigo mío-, relato que nos llevó a épocas remotas y lejanas en que la ingenuidad y la pureza de alma eran flor que brotaba espontánea y lozana en todos los eriales, y en que la leyenda embriagaba el ambiente, con incienso…

Un listo adinerado, que estaba escuchando el relato, al terminar el Don amigo, aseguró estar dispuesto a dar una recompensa de $500.00 y hasta más, por una ciguapa viva que no estuviera mordida por los perros y que, si posible, fuera tan “descalentadita” como la ciguapita amiga de Siñó Simón.

Bonita oportunidad tienen, pues, los grupos de excursionistas que se preparan para ascender al Pico Trujillo, pues podrían hacer, como se dice corrientemente, en una vía dos mandados, si logran atrapar una ciguapa y traérsela al señor adinerado que ofrece quinientos pesos por ella!...

NOTA BENE. Luego he sabido que para coger una ciguapa hay que cazarla de noche, en un viernes de cambio de luna y con un perro negro que tenga blanco el hocico, la punta del rabo, las cuatro patas y el lomo del espinazo. VALE.

Publicado en La Información, de Santiago, R. D. 1943
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miércoles, 10 de septiembre de 2008

EL "HUPIAR" DE LA CIGUAPA



Ilustración: Federico Cantú

El jupiar es forma y música del comunicativo canto de la ciguapa. Carente de lenguaje articulado, sólo el ruido es su palabra.

Por el DR. MARCIO VELOZ MAGGIOLO
para Coloquio
sábado 28 de octubre de 1989

Todavía en mis años de infancia había cuatreros que se colocaban los zapatos al revés y ponían botas en igual orden a las bestias, para caminar en el barro y hacer creer que iban, y no que venían.

Podría decirse que tenían la técnica de la ciguapa, porque ésta, según decían los viejos del vecindario, con los calcañales al revés, se mueve hacia delante pero deja sus huellas mirando hacia atrás.

Yo siempre aspiré a ver las ciguapas.

Cuando tenía 8 años soñaba en las piernas de mi abuela con ese ser que vivía en las sierra de El Maniel en donde los ascendientes de Rafaela Núñez y Cabral viuda Maggiolo habían tenido fundaciones.

Desde pequeño me preguntaba: ¿Son sólo mujeres, son sólo seres femeninos? Mi lógica infantil me llevaba a la convicción de que también existían los ciguapos, porque ¿se qué manera se reproducían esos seres que sólo "jupiaban", o quizás hipaban, envueltos en cabelleras largas y sedosas que recuerdan las del ciguayo, indio que llevaba el pelo largo, y cuyo nombre étnico se parece tanto al de la ciguapa.

Mi duda infantil se vio satisfecha cuando mi viejo amigo Romeo Martínez me dijo que Mongo Matos, antiguo habitante de Villa Francisca, le confirmó que a veces se habían cazado ciguapas empreñadas.

Pero... ¿y los ciguapitos, no tendrían los pies normales? La verdad era que nunca se habló de los ciguapos. ¿Sería que los ciguapitos en cuanto sentían el tabaco y la mano dura de la comadrona enderezaban sus pies, venciendo la genética, y saliendo tal y como eran: bellos y aindiados muchachos que nada tienen que ver con leyenda alguna?

Los viejos de los patios, muchos procedentes de la zona cordillerana, aseveraban que las ciguapas no podrían hablar, que "Jupiaban o jipiaban" emitiendo un sonido que sólo ellas mismas entendían en medio de la noche; se sabía que lloraban junto a las indias de los charcos, cuyos peines desenredaban sus cabelleras parecidas a las de las ciguapas. Se sabía que las ciguapas bebían claror de luna, cantilena de arroyo despeñándose, cuando la noche era clara. Se decía que junto, a las indias de los charcos, esperaban el retorno de los caciques muertos en las matanzas de Higüey y Maguana, por Esquivel y Ovando. Desde entonces las indias de los charcos y las ciguapas andan juntas. Allí, cerca del corral de los indios de San Juan de la Maguana, en tierras de Jaragua, salen hacia los caminos y silban en la noche fermentada de cocoyos. Se las ve en el sitio de Juan de Herrera, en donde una vez murió una de maleficio, y le tiñeron los ojos con bija.

En Juan de Herrera, cuyo camino desemboca en el corral de los indios, todavía los espíritus de los taínos salen y se vuelven murciélagos. En Juan de Herrera todavía existe un núcleo de espíritus del pasado que gira en torno a sus habitantes y tiene contacto con ellos. Allí entre los cambrones distantes del pie de monte, viven varias ciguapas.

Don Fabián dice que no envejecen; doña Matilde, que hila algodón aún con el sistema indígena, señala que las ha visto y que su piel brilla como el charol.

En Juan de Herrera, y es voz sabida, una muchacha fue raptada hace ya años por el espíritu de un cacique. "Se la llevó el indio"; se sabe porque una noche se presentó en los sueños de Agueda, y le informó que la María había sido llevada al mundo de los tiempos idos, en donde abundan aún el casabe y donde las mariposas eran permanentes.

La noche en que fue raptada, las ciguapas "jupiaron", tronó, llovió rúdamente, y los caminos de piedra apisonada brillaron como nunca, como si en vez de agua cayese plástico derretido,vidrio líquido y cristalino. Una ciguapa acompañaba al cacique.

Los viejos se reunieron para atrapar a la ciguapa. Usaron de todos los encantos posibles, pero no pudieron conseguir el perro cinqueño de patas negras cuya característica es el poder alcanzarlas. No tenían tampoco el dominio del silbo que marea estas damas de la noche. Sin embargo, a sabidas de que la buscaban y de que los suyos lloraban, la María vino en sueños y le narró a Agueda cómo vivía.

Peinaba a las indias, daba de comer a las ciguapitas, y vivía al lado del cacique quien adoraba pasar sus manos callosas y viejas sobre el cuerpo pintado de luna nueva.

Todavía en la localidad se dice que la sombra de la María se pasea por los caminos de La Maguana de manos de dos ciguapitas de cuatro a cinco años. La llaman por su nombre:

-!Maríaaaaaaa! -y desaparece, pero se le siente cantar una canción distante:

El amor es tan pequeño
que no se puede lavar
porque se convierte en sueño,
agua que no tiene dueño
escapándose hacia el mar.