¿Quién era Parlero?

De ciguapas cotidianas

Por Parlero

En estos tiempos que corren aerodinámicamente, y en que imperan la radio, el aeroplano, los helados en palito, la sulfanilamida y los tingo-talangos, sin contar con las maravillas aún no soñadas que habrá de traernos, en su apiñada maleta, la señora Post-Guerra, cuando hayamos ganado la Victoria, son muy pocos los pueblistas de volátil guayabera y de sandunguero caminar, que han oído, directamente de verídicos labios campesinos, las apasionantes historias de las ciguapas. Y tal vez, y hasta sin tal vez, puede que haya muchos que ni siquiera sepan, ni remotamente, lo que es una ciguapa.

Yo, la verdad, no tengo el honor de conocer personalmente a las ciguapas, pero, según las historias que corren, las ciguapas son a las montañas, lo que las ninfas a los ríos y las sirenas a los mares. Desde luego, que las ciguapas son mucho menos poéticas, según nos las describen las viejas leyendas. Una ciguapa es un ser que media entre el animal irracional y el hombre, pudiéndose asegurar que no es ni la una ni la otra cosa, propiamente dicho. Para dar una mejor definición de lo que es una ciguapa, según las noticias que tengo, diré que es una gente que parece animal y un animal que parece gente (en esto, muchas gentes que visten y calzan y que pululan por nuestras calles, no se diferencian mucho de la ciguapa, ¿verdad?). Tienen ellas, y esta es una de sus principales características, los pies volteados hacia atrás, con el calcañal delante; el cuerpo lo tienen cubierto de vellos gruesos y sus cabellos tan largos y abundantes que, como un manto, la protegen de las inclemencias de la intemperie. No hablan, pero sus emociones las expresan por medio de unos "jupidos" que les son característicos y que aún hoy, pueden oírse en el interior de nuestras montañas.

El entusiasmo que ha despertado en esta ciudad el concurso de alpinismo que patrocina la acrecitada casa comercial de los señores Manuel de Jesús Tavares Sucesores y el premio que ofrece para el primer grupo de excursionistas que en el año del centenario de la República logre subir primero al Pico Trujillo, ha puesto en nuestros corrillos las cuestiones de las montañas como cosa de palpitante actualidad, no siendo pocos las "brujas" que en sueños ven barajarse, mágicamente, los escarpados picos de las montañas con la montaña de papeles que supone el jugoso premio ofrecido. Así, pues, es de actualidad también como cosa de la montaña, la siguiente historia que un Don amigo mío, cuya testa hace pensar en la desolada cumbre de La Rucilla, relató en un corrillo una de estas noches últimas, y la cual historia, advirtió, no era un cuento hijo de la imaginación, sino algo real que había acontecido.

A PRINCIPIOS DE ESTE SIGLO, comenzó diciendo el Don mi amigo -conocí en San José de las Matas a Siñó Simón Peralta, quien entonces cifraba en los ochentas años largos. Era Siñó Simón un viejo pequeñito, rechonchito, muy velludo, juguetón (casi un primo octavo de las ciguapas). Él había nacido y se había criado en la Cañada del Caimito, paraje próximo a Las matas, y que debe haber sido un edén cuando Siñó Simón era un niño; se trata de un vallecito fértil, surcado por arroyuelos de aguas cantarinas y claras, circuido de altas colinas por un lado y pinares y pomares orejanos en todas direcciones. El hecho ocurrió cuando Siñó Simón era un niñito en faldetas (entonces, decía él, le llamaban Simoncito, y a la verdad que le quedaba bastante mono el diminutivo)... El "fundo" de los Peralta estaba en un altico, al otro lado de la cañada; en el fondo del patio había un cultivo de café, en el extremo del conuco de la familia. Este lugar era sitio predilecto de las ciguapas, pues abundaban en él las matas de ciruelas que era su fruta favorita y el cafetal de los Peralta el punto preferido para su entretención. De los propios labios de Siñó Simón oí lo siguiente: “Una ciguapita muy retozona y más atrevida que las otras que acostumbraban frecuentar el conuco, nos llegó a ser familiar, pues muy a menudo la veìamos de día en lo alto del cafetal; desde allí nos “jupiaba” a los muchachos, y nosotros habíamos aprendido a “jupiar” como ella. Así se cultivó nuestra confianza y nos hicimos amigos, al extremo de que un día logramos llevarla a casa. Taita estaba en una montería, y Mamita se asustó tanto al ver a la ciguapita en el patio con nosotros, que quiso echarla, pero al mirar la cara triste que tanto ella como nosotros pusimos, volvióse a la cocina y nos dejó jugando con ella. Esa ciguapita era lo más alegre y retozona que yo había visto; daba saltos, se retorcía, ensayaba quejidos de gozo y abrazándonos a los varoncitos, se revolcaba por el suelo con nosotros, como cosa que le era de mucho gusto. Cuando Taita volvió de la montería nos riñó por haber tenido a la ciguapita en casa, pero a ruegos de todos desistió de echarla, y, al fin, a él también le cayó en gracia y la dejó que permaneciera en casa. Desde entonces la ciguapita se quedó con nosotros. Todos los días iba al monte por un rato, pero siempre volvía y de noche se iba a dormir al cafetal.

En esa época era cura de San José de las Matas, -siguió diciendo Siñó Simón-, el Padre Espinosa, y Taita y él eran muy amigos y compadres. El Padre supo lo de la ciguapita, y le escribió una cartita a Taita en la que más o menos le decía: “Compadre: he sabido que Ud. tiene una “cosa” en su casa que puede traerle un gran trastorno en la familia. Yo le aconsejo que salga de eso inmediatamente. Si es gente, cosa que puede ser, Ud. debe traerla a bautizar. Venga a verme tan pronto como Ud. pueda”. Al día siguiente Taita fue al pueblo, vio al Padre y parece que hablaron mjy seriamente, pues Taita regresó al anochecer con la cara triste. El Padre le había hecho jurar que sacaría la “cosa” de la casa. Hasta Mamita lloró al saber lo que había jurado Taita, pues ya le teníamos mucho cariño a la ciguapita.

“Me acuerdo como si fuera hoy y todavía me entristece. Taita cortó una vara de romerillo, cogió a la ciguapita por un grazo, se la llevó al sitio más alto de la colina próxima, y a foetazos la echó por la desguindada del otro lado. Nadie habló esa noche en mi casa: ¡tan tristes estábamos todos!

Por varios días no volvimos a ver a la ciguapita, pero a pocas semanas volvió al cafetal y comenzó a jupiarnos. Así siguió haciéndolo todos los días, acercándose cada vez más a la casa. Taita no sabía qué hacer. Un día fue al pueblo, trajo una escopeta, y cuando la ciguapita se acercó a la casa, la cogió por los cabellos, se la llevó al sitio más alto y allí le largó un tiro para espantarla. Desde entonces no volvimos a ver a esa ciguapita que tanto nos había encariñado; pero las otras compañeras, que eran hurañas como son todas ellas, siguieron por mucho tiempo volviendo a nuestro conuco. El tiempo y la ciencia que ya se iba adentrando en nuestro sitio, hicieron más tarde que ya no volviéramos a ver más ciguapas”.

“Así terminó su extraño relato el viejo Siñó Simón –nos dijo Don amigo mío-, relato que nos llevó a épocas remotas y lejanas en que la ingenuidad y la pureza de alma eran flor que brotaba espontánea y lozana en todos los eriales, y en que la leyenda embriagaba el ambiente, con incienso…

Un listo adinerado, que estaba escuchando el relato, al terminar el Don amigo, aseguró estar dispuesto a dar una recompensa de $500.00 y hasta más, por una ciguapa viva que no estuviera mordida por los perros y que, si posible, fuera tan “descalentadita” como la ciguapita amiga de Siñó Simón.

Bonita oportunidad tienen, pues, los grupos de excursionistas que se preparan para ascender al Pico Trujillo, pues podrían hacer, como se dice corrientemente, en una vía dos mandados, si logran atrapar una ciguapa y traérsela al señor adinerado que ofrece quinientos pesos por ella!...

NOTA BENE. Luego he sabido que para coger una ciguapa hay que cazarla de noche, en un viernes de cambio de luna y con un perro negro que tenga blanco el hocico, la punta del rabo, las cuatro patas y el lomo del espinazo. VALE.

Publicado en La Información, de Santiago, R. D. 1943
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Comentarios

analie ha dicho que…
esta muy bien eres como una ciguapita linda.
Jorge Luis ha dicho que…
Hey Ciguapas, cool, ya me pondre a leerlo despacio cuando tenga algo ma de tiempo. Muy interesante