LA FURIA MASCULINA (Enrique De Vicente)


Escrito en 2004, ¿es que no aprendemos?
De Akásico, para reflexionar:

El día que escribo estas líneas me veo sepultado por noticias relacionadas con la llamada “violencia de género”: un sinfín de crímenes “pasionales” en los que las víctimas son mujeres que han decidido romper con sus parejas. Una joven apuñalada en un parque madrileño, un celoso Romeo que pone fin a su vida y a la de su “amor” imposible, la evidencia de que tan sólo en Galicia hay más de 155.000 víctimas de la “violencia doméstica”...
Esta sangrante actualidad, unida al tema que llevamos este mes en portada, me obliga a una necesaria reflexión.
Hace dos años hablaba en esta página de El retorno de la Diosa. Recordaba entonces lo que escribía el doctor Whitmont, en una profunda obra que lleva ese mismo título, donde anunciaba el regreso imperioso del Principio Femenino, que rigió a la humanidad antes de que el patriarcado se encargase de reprimir cualquiera de sus manifestaciones. “Se ponen en tela de juicio los valores tradicionales de hembra y varón en la sociedad. Lo femenino exige un nuevo reconocimiento, al tiempo que surge una violencia que lo amenaza todo... En lo profundo de la psique colectiva surge de nuevo la vieja Diosa. Si nos negamos a reconocerla puede desatar fuerzas poderosas, relacionadas con impulsos básicos que hemos reprimido. Si le otorgamos lo que es debido, nos guiará misericordiosa hacia la transformación...”.
Me parece sincronístico que esta oleada de violencia machista que sacude a España coincida con un momento en que la mujer está comenzando a retomar las riendas de su destino, y también de este país, cuando –por primera vez en la historia- la mitad del nuevo gobierno pertenece al sexo débil...
En un libro indispensable (los rostros de Eva), que acaba de aparecer, Arantxa Goñi y María José Álvarez explican cómo en cada momento que lo Femenino ha intentado emerger, las fuerzas patriarcales inconscientes se han encargado de frenarlo con diversas formas de violencia...
Algunos hombres con quienes he debatido en privado sobre este tema han argumentado que nadie habla de la insoportable violencia psicológica que las mujeres ejercen sobre el hombre, provocando reacciones indeseables; tal vez sea cierto, pero las víctimas mortales siempre son ellas; además, esa presión colectiva está exigiéndole al varón que cambie, y él se resiste por todos los medios. También sostienen que esto es algo que ha ocurrido siempre, pero ahora los medios de comunicación hablan de ello con tanta insistencia que convierten este fenómeno criminal en algo habitual, contribuyendo a convertirlo en una alarmante epidemia. ¿Sería mejor entonces un silencio cómplice?...
“¡Aquí se hace lo que yo digo y punto!... Si no, ¡atenta a las consecuencias!”... “La maté porque era mía”... Significativas expresiones como éstas apuntan al núcleo duro de esta tragedia: el ego individual, que intenta imponerse al de quienes nos rodean, por todos los medios y cargado de mil y una sinrazones.
¿La solución? Está en el corazón humano y en el desarrollo de la conciencia transpersonal; no en medidas políticas que son parches imprescindibles para evitar que la presa se desborde y nos ahogue a todos. Lo mismo ocurre con los problemas del mundo... Sólo podremos encontrarla si tomamos la decisión de avanzar, generosa y conjuntamente, hombres y mujeres, ricos y pobres, gentes de todas las creencias e ideologías, hacia una transformación individual y colectiva.
¡¡Utópico!! Pero imprescindible, si queremos sobrevivir y convertir este planeta no en una cárcel, sino en un lugar donde merezca la pena vivir y disfrutar.
Enrique De Vicente

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